adrian bet..la critica
Apuntes sobre el papel de la crítica en las listas literarias de Internet
He leído las diversas posturas que se suscitaron en torno a si una obra expuesta debe o puede ser criticada y en que medida.
En mis primeros tiempos de este prodigioso medio que es Internet para la literatura, y con la ingenuidad propia de la personas que recién conocen algo, imaginaba haber entrado a una dimensión nueva, que suponía me iba revelar cosas inaccesibles para mi torpeza, y servir de medio para mejorar mi técnica y lectura de ese mundo de difícil acceso, que es la literatura en general y la poesía en particular. Bien pronto me desencanté, percibí que toda crítica era casi inexistente o bien irrelevante, ya que se remitía a meros epítetos.
Yo que deseaba me dijeran :”Mirá, pedazo de bestia, el verso tuyo tiene, éste, éste y éste fallo, por esto y esto otro”, pocas veces recibí algo así. Como no obtuve lo que venía a buscar, hice lo que toda mi vida cuando algo me interesa: me devoré una biblioteca entera de crítica y técnica poética. Sin falsa modestia puedo decir que hoy puedo escribir, desde el punto de vista técnico, un romance antiguo como si fuera extraído del Mío Cid, un soneto como Góngora o Quevedo, una obra vanguardista como Breton o Huidobro, una simbólica como Rimbaud o Baudelaire, o una romántica como Hugo o Bécquer, lo que no implica de forma alguna que por ello lo que escriba sea bueno. Es que hay algo incomunicable en el arte que no es posible suplir sólo con técnica.
Una vez conocidos los rudimentos de lo que debe conocerse, quise, otra vez ingenuamente, aportar a mis compañeros de lista esto o aquello sobre sus poemas. La respuesta fue casi siempre la misma: Respuestas autocomplacientes, enojos, acusaciones de la impertinencia de toda crítica, justificaciones de lo injustificable -por lo general aduciendo originalidad y rebeldía donde no hay más que ignorancia- , frases hechas contra toda disciplina crítica, subjetivismo a ultranza, inicio de una disputa, insultos, etc., etc., etc. . Bien pronto me desencanté, percibí que toda crítica era casi imposible.
¿Pero a qué se debe esto? ¿Cómo es posible que gente que en su mayoría que no es ni de lejos un escritor consumado no admita críticas que pueden, en algunos casos, favorecer su estilo?
Ahí está la respuesta: nadie se considera en su fuero íntimo un poeta en tránsito. Por más que, de la boca para afuera, se diga lo contrario todos jugamos a ser grandes escritores y es, este medio virtual, el que nos permite ser lo que no somos, que se maneja por otras reglas. Así, como prueba del mito que perseguimos están los sitios que llenos de premios dados por amigos, las publicaciones truchas –siempre las más importantes del habla hispana-, los concursos falaces –que son cazabobos-, las presentaciones de libros que nadie compra etc., etc., etc. Es lógico que si me considero un escritor “terminado”, toda crítica es un ataque malediciente. Es lógico que si mi texto es un texto acabado y cerrado sobre sí mismo, nadie tiene autoridad para reverlo. En definitiva todo texto pareciera publicarse con el fin de la aceptación incondicional, cuando no del sueño de la alabanza.
Por otro lado, el texto al expresar la individualidad del autor –generalmente los sentimientos y pensamientos más íntimos de éste- percibe toda crítica como un ataque personal, ya que por carácter transitivo se ataca los mismos sentimientos y no la forma de expresarlos. No miento al decir que he perdido relaciones de amistad incipientes, luego de criticar honestamente la poesía de alguien. Atrás de esto va la idea de posesión exclusiva del texto, lo que es lógico si se considera al texto como sinónimo de la persona.
Por esta cosas que expongo, y luego de fantásticas batallas verbales -noten que cada crítica dispara decenas de mensajes que siempre terminan en una disputa personal-, la mayoría de las listas caen en la apatía; evolucionan hacia el silencio o se dedican a “pasar” textos de autores reconocidos. Los textos van y vienen sin pena ni gloria, a lo sumo algún comentario de los nuevos miembros, que suelen decir “¡qué lindo, me gustó!” y que desalentados con las parcas respuestas, termina por sumarse al silencio generalizado.
Noten que la idea de escritor y texto “acabados”, van en contra del mismo texto y del mismo escritor. En general la visión de los otros es mucho más certera de lo que lo que nosotros podemos ver, que como autores estamos demasiado apegados al texto. Si consideramos un poema y un autor en construcción permanente, abrimos un espacio de debate inapreciable, muchas ideas, muchas técnicas personales se descubren cuando el autor habla y cuando se habla sobre el autor. He descubierto poemas maravillosos que de primera vista nada me decían, por sólo recorrerlos con atención y por la pista dada por otro, más perspicaz. He descubierto posibilidades insospechadas de mis textos por la sola referencia de otros.
Les cuento esta anécdota ilustrativa: Yo tenía un poema sobre esos gigantes paraguas que habitualmente nos golpean en la veredas angostas; había querido escribir “Detesto invariablemente a esos tipos/ de coloridos paraguas gigantes.” por error de tipeo escribí “Desteto” por “Detesto”. Una persona me dice “¡Qué originalidad, comparar esos paraguas con una teta gigante y expresar el choque como metáfora del destete!” y me dije: “¡A, la mierda! ¿Mirá lo que me salió?”. O sea por la boca de otro y por un error casual, obtuve un poema notablemente mejor que el que habría escrito. Si no hubiera comentario –porque lo mismo daba que el comentario sea negativo y no positivo como en este caso- yo simplemente hubiera corregido el error, porque no había sospechado, en mi vida, tal relación entra paraguas y tetas .
Internet es una fuerza inconmensurable desde el punto de vista histórico, es similar al trajinar de esos brutos juglares, que terminaron por generar las culturas europeas y los romances. Los sabios, los doctos, los que tienen su lugar ganado, los que acumulan premios y reconocimiento del establisment, han empezado una campaña contra la literatura en medios electrónicos. Es nuestra misión evolucionar para no perder esta voz, que no depende de los negocios de la cultura. La indolencia mata, el devenir de textos que casi nadie lee es nocivo, la despreocupación por lo que el otro hace y notablemente más nocivo que si le dicen a uno “mirá, fijate que en ese soneto erraste en el cuarto verso y contaste una sílaba de más, o en tal texto te conviene expresar el amor de una forma menos edulcorada, que no implique lunas, nubes de algodón y colores del arco iris”.
Nosotros debiéramos ser modelo y semilla de una nueva cultura, es una pena que re pita mos el modelo del éxito exclusivamente individual que nos proponen. Ese modelo excluye a la mayoría. Nosotros estamos del lado de los excluidos y nos comportamos como del lado de los pocos que se “salvaron”. Reflexionen cuanto del mito del escritor genial y en soledad replica y favorece este modelo de exclusión. No hace vivir en una villa para estar excluido.
Propongo -seguramente en forma ingenua de nuevo- para dinamizar el estado de apatía general, para generar redes culturales, empezar por dejar de percibir de forma tan egocéntrica el texto, tomarlo como un producto cultural y social, donde los otros tienen derecho a decir y participar en su construcción, tanto como el autor y que eso no es menoscabo de su persona sino todo lo contrario. En definitiva propongo remitir la idea del escritor terminado y en soledad genial, y reemplazarlo por la idea más humilde y amigable del escritor en camino acompañado por los otros en su torpeza.
Adrián Bet
envio rui mendes
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Por lobitogabriel - 6 de Diciembre, 2006, 16:51, Categoría: lecturas
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